No salió desde un puerto cualquiera ni con una misión neutra. La mayor flotilla humanitaria Gaza de la historia reciente zarpó desde Barcelona con un objetivo claro: llegar a Gaza, entregar ayuda y desafiar el bloqueo que por años ha asfixiado a su población.
La iniciativa, impulsada por la Global Sumud Flotilla, reúne a miles de personas de más de 70 países en cerca de cien embarcaciones. No es el primer intento. Desde octubre de 2023, ya van cinco travesías que buscan atravesar el cerco impuesto sobre Palestina. Ninguna lo ha logrado sin ser interceptada.
Esta vez, Chile también está a bordo. Siete personas integran la delegación marítima y una más viaja por tierra en un convoy que cruzará África y Asia. Periodistas, artistas, estudiantes y profesionales que decidieron no mirar desde lejos.
La flotilla no solo transporta ayuda. También carga una declaración política, la acusación de genocidio, el cuestionamiento al rol de los organismos internacionales y la denuncia de una comunidad global que —según los propios participantes— ha sido incapaz de frenar la crisis humanitaria.
El riesgo es conocido. Misiones anteriores terminaron con embarcaciones interceptadas en aguas internacionales, activistas detenidos, ayuda confiscada. Aun así, avanzan.
Desde la delegación chilena hacen un llamado a no soltar el hilo. A mirar, a difundir, a presionar. Porque en este tipo de acciones, dicen, lo que pasa en el mar depende también de lo que ocurra en tierra.
No es solo una travesía. Es una apuesta ante el genocidio mejor documentado de la historia y, a la vez, el más negado.

