No quiero que mi hijo pida permiso para existir, ni que incline la frente por costumbre de sobrevivir.
Allá afuera lo quieren perro, sumiso, con correa, domesticado. Agradeciendo migajas como si fueran un cielo.
Que no.
Que sea gato. De paso sigiloso y desacato. Que camine solo, sin contrato, que no responda al llamado ingrato.
Que aprenda a caer sin espectáculo, a levantarse sin público ni obstáculo.
El mundo le va a ofrecer jaulas de buen trato, trabajo seguro, respeto barato.
Orden sin alma. Encierro sensato.
Que dude.
Porque es fácil domesticar el instinto, difícil es sostenerse libre en este laberinto.
Yo no lo quiero valiente para la foto, lo quiero incómodo. Indomable, sin permiso ni protocolo.
Que no le tema a la noche ni a lo incierto, que le tema a vivir de rodillas y en silencio.
Para ti, Iti.

PolDck
Soy periodista. Me he desarrollado en el ámbito de la comunicación social, abordando temas vinculados a infancia vulnerada, derechos y comunidad.
Escribo porque no renuncio a la idea de que cada persona puede ser algo más que lo que le dijeron que debía ser.

