“Mañana jueves tiroteos!!” – Uno de los mensajes que fue escrito en el baño del colegio Salesianos de Linares convocando a una manifestación mediante tiroteos a ejecutarse el 02 de abril del presente año. Las amenazas comenzaron a expandirse en distintas regiones del país, a lo que tres establecimientos de Antofagasta suspendieron clases de manera preventiva.
Las medidas impuestas por el gobierno para las comunidades escolares han suscitado este tipo de reacciones en un ambiente que comienza tornarse en una ya conocida textura: resistencia.
A esto se le suma un descontento generalizado por las diversas medidas políticas que han dibujado en pocas semanas un ambiente hostil y sensible a nivel social.
Pero los problemas no se desmantelan con restricciones, porque la violencia en niños, niñas y adolescentes radica en elementos estructurales.
Entornos desprotegidos y dolor acumulado
En Adolescence, serie de Netflix que expuso el problema de la violencia en jóvenes y establecimientos educacionales desde un prisma social, enfatiza en un concepto clave para entender cómo esta espiral llega a un punto incontenible, existiendo la posibilidad de prevenirlo: entornos desprotegidos, desinterés, grietas familiares, violencia heredada, todo es una macrored; donde todo se vincula con todo. Jamie, el joven protagonista de la miniserie, resiente un dolor acumulado producto de diversos comentarios de odio en las redes sociales o cyberbullying. Lo cual concluye en un estallido de violencia contra una de sus compañeras.
Y estos compañeros que ejercían estos comentarios de odio contra él, en su mayoría, arrastran a su vez una dolencia, que a veces es incluso inconsciente; producto de más violencia, indiferencia, vacíos sociales.
Todo recae en la acumulación de odio, producto de un sistema, producto de una estructura social.
Referentes violentos y reproducción simbólica
El joven de 18 años que mató a una inspectora en un colegio de Calama, y que tenía como blancos iniciales a niños de primero básico, fue motivado por odio. Dies irae – “Día de ira” le atribuyó. Las armas blancas y el bastón contenían inscripciones como Auvinen 07-11, Solomon Henderson, Otoya Yamaguchi y Timur Bekmansurov. Todos en alusión a atentados – en su mayoría en colegios – ocurridos en diferentes países en los últimos 70 años.
Las masacres a las que hacía alusión el estudiante:
La primera masacre se refiere a Pekka-Eric Auvinen, estudiante de 18 años que el 7 de noviembre de 2007 perpetró un mortal tiroteo en el Instituto Jokela, en Finlandia, matando a 8 personas (6 estudiantes y 2 funcionarias del recinto, entre ellas la directora y una enfermera).
El segundo, Solomon Sahmad Charlie Henderson, corresponde a un estudiante de 17 años que el 22 de enero de 2025 abrió fuego en la cafetería de la escuela secundaria Antioch, en Tennessee (EEUU), asesinando a una compañera de la misma edad e hiriendo a otro antes de quitarse la vida.
Respecto a Otoya Yamaguchi, se refiere a un estudiante japonés de 17 años que el 12 de octubre de 1960 perpetró un asesinato público: en pleno debate político mató con una espada corta a Inejiro Asanuma, líder del Partido Socialista que participaba en las elecciones parlamentarias de aquella época.
En tanto, Timur Bekmansurov, fue un estudiante de 18 años que el 20 de septiembre de 2021 ejecutó una masacre en la Universidad Estatal de Perm, Rusia. Asesinó a tiros a 6 personas e hirió al menos a otras 28. Todos estos sujetos murieron luego de protagonizar los ataques armados.
Existe un deseo de autoritarismo en cierta parte del tejido social en Chile, que anhela la represión, que anhela la restricción y la coartación. Nelson Villagra, actor que interpretó al asesino de la cinta chilena “El Chacal de Nahueltoro” lo mencionó en una de sus entrevistas. «Este país tiene una fijación con la tortura. Muy en el fondo, muy escondido, la tortura y por consiguiente la violencia que se genera a raíz de ella, es una fantasía tabú para muchos chilenos».
El error de responder solo con castigo
La instalación de la ideología de la ultraderecha, concretándose en el 2026, viene a apaciguar esta sed que gran parte del país venía arrastrando. Con la promesa del control, con la promesa de la intolerancia a la delincuencia y la migración. Pese a que el descontento social de estas últimas semanas, y la desaprobación a la administración de Kast en más del 45% tiene más que ver con los ajustes económicos, y los desentendimientos, justamente, en materia de seguridad. Sin embargo, este halo de superioridad y deseo de control es algo instalado en la psique de gran parte de la sociedad, esa ansia de torturar, de reprimir, de controlar – motivado por el odio – está más presente que nunca y que, en el caso de los niños, niñas y adolescentes, resienten y adhieren.
Por eso, no solo es destinar recursos para la implementación de tecnologías de detección de metales en los colegios. Sino dejar de invisibilizar las problemáticas reales que conllevan estas acciones. Alguien motivado por el odio, va a idear un plan que evitará esta tecnología para llevar a cabo su cometido. No importan las restricciones, ese odio es un motor imparable. La pregunta está en cómo desacelerar ese motor.

Sebastián Oyanedel
Comunicador Audiovisual/Multimedial de profesión.
He recorrido diversas propuestas comunicacionales entre lo artístico, gráfico, literario y audiovisual. Hoy en día me he especializado en la fotografía de calle y documental.

