Este sitio nace a partir de una frase.
No como homenaje, sino como reacción. Como incomodidad. Como necesidad de volver a escribir cuando el discurso público deja de explicar y comienza a distorsionar. Fue Rodolfo Carter quien, en medio de la crisis por el alza de los combustibles, instaló una idea que, al analizar, es bastante absurda. “Nos acostumbramos a vivir del subsidio”.
Hay frases que se olvidan. Otras que quedan suspendidas. Y algunas que obligan a responder.
Porque no es solo lo que se dice, sino desde dónde se dice. Hablar de “costumbre” en relación a la pobreza implica reducirla a una elección individual, despojándola de su contexto, de su historia y de sus condiciones materiales. Implica, también, instalar un juicio moral sobre quienes dependen del apoyo estatal para sostener su vida cotidiana.
Y en ese punto, la contradicción se vuelve inevitable.
Más de dos décadas en cargos públicos. Primero concejal, alcalde durante tres periodos en La Florida y hoy, tras realizar turismo electoral, senador por La Araucanía. Una trayectoria sostenida dentro del aparato estatal que tensiona —al menos— el sentido de sus propias declaraciones. Esto deja en claro la distancia avismal, entre él y tú.
Pero la escena no termina ahí.
Dos frases. Un mismo síntoma.
Su hermano, el diputado Álvaro Carter, sumó otra frase al mismo registro. «Un País más pobre, pero más feliz». Una afirmación que, lejos de ser anecdótica, refuerza una mirada que tiende a romantizar la precariedad mientras se ejerce poder desde condiciones que la excluyen.
Porque el problema no es solo lo que se dice, sino lo que se instala sin resistencia. Cuando ciertas frases logran convertirse en sentido común, la discusión ya está perdida.
El problema es Carter y unos cuentos más.
Sería cómodo detenerse en Carter. Atribuirle todo a su viveza para vivir del Estado. Pero el problema es más incómodo que eso. No es solo él. Es el espacio que le damos. Es la validación constante de figuras que, elección tras elección, ocupan lugares de poder sin que esa contradicción nos resulte intolerable.

Prosac
Pasé por Bachillerato en Humanidades sin tener muy claro qué estudiar, más por descarte que por convicción. Probé literatura, filosofía y algo de teoría social. Trabajé corrigiendo textos y escribiendo cosas que no me interesaban. Ahora creo y escribo en este espacio cuando puedo, sin mucho plan ni promesas.
A ver cuánto dura.

