Efemérides. Sirven para recordar, para detenerse un momento y mirar aquello que, en teoría, no debería olvidarse. Pero cuando hablamos de niños en situación de calle en Chile, ni siquiera eso alcanza.
El 25 de marzo, el gobierno de Kast celebró al niño que está por nacer.
El 12 de abril, “Día del niño y niña en situación calle” no tuvo lugar en portadas ni medios.
La lógica de la derecha —y de sus expresiones más autoritarias— ha sido consistente, se enfatiza la defensa de la vida que está por nacer, pero una vez que esa vida se concreta, deja de ser prioridad.
No es una contradicción, es una forma de entender el mundo. Se protege lo simbólico, lo abstracto, aquello que permite construir un discurso moral claro, “desde el sentido común”. Pero cuando la vida se vuelve concreta, con hambre, con frío, con abandono, desaparece del centro de la preocupación pública.
El último dato oficial disponible tampoco ayuda. En 2018, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia realizó el último conteo nacional y caracterización de niños, niñas y adolescentes en situación de calle. 547 NNA viviendo en esa condición en Chile.
Han pasado años desde entonces. No hay una cifra actualizada que permita dimensionar cuántos son hoy. Y esa ausencia también dice algo.
Y mientras eso ocurre, el Estado llega tarde, fragmentado o simplemente no llega. Programas que se cierran, coberturas que no alcanzan, intervenciones que no logran sostener procesos en el tiempo.
Ahí se revela algo más profundo. Una sociedad organizada desde el individualismo, donde cada uno se salva como puede y el otro deja de ser un asunto común.
Una sociedad que permite que la infancia viva en la calle es una sociedad que ya fracasó.

Prosac
Pasé por Bachillerato en Humanidades sin tener muy claro qué estudiar, más por descarte que por convicción. Probé literatura, filosofía y algo de teoría social. Trabajé corrigiendo textos y escribiendo cosas que no me interesaban. Ahora creo y escribo en este espacio cuando puedo, sin mucho plan ni promesas.
A ver cuánto dura.

